Grupo Famsa o cómo los ahorros de personas eran una alcancía privada
La caída de Banco Famsa: cómo el ahorro de miles se convirtió en una alcancía privada
Durante décadas, Grupo Famsa se consolidó como una marca familiar en México, ganándose el respeto de los hogares de clase trabajadora mediante la venta de muebles y línea blanca a plazos. Con esa sólida reputación respaldándolos, la compañía fundó Banco Ahorro Famsa en 2002. Al ofrecer tasas de interés más atractivas que la banca tradicional, captaron rápidamente los fondos de miles de personas que confiaban en la solidez del nombre comercial.
Sin embargo, detrás de esa fachada de estabilidad se escondía una realidad alarmante: los directivos utilizaban la institución financiera como financiamiento exclusivo para su propia matriz. Violando flagrantemente los topes legales de financiamiento a empresas vinculadas, el banco desvió sumas multimillonarias hacia negocios del mismo grupo y manipuló la contabilidad para simular una salud financiera inexistente.

Aunque desde 2018 los indicadores financieros ya proyectaban el desastre, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores postergó su intervención. No fue sino hasta junio de 2020 cuando el gobierno finalmente canceló la licencia de la entidad y ordenó su quiebra inmediata. El golpe para los usuarios fue devastador.
De los más de 635 mil depositantes afectados, la gran mayoría logró recuperar sus fondos gracias al seguro de depósito gubernamental. No obstante, cerca de 2 mil 500 clientes —en su mayoría jubilados cuyos ahorros de vida superaban el límite de protección legal— sufrieron pérdidas catastróficas, lo que detonó una batalla legal y social que se prolongó por años.

El desenlace sumó indignación al fraude: la Fiscalía intentó proceder penalmente contra la cúpula directiva, pero los tribunales desestimaron los cargos argumentando falta de evidencias sobre dolo o beneficio ilícito. Al final, el desbancamiento de la institución ocurrió ante los ojos de las autoridades, el patrimonio de miles de ancianos se esfumó y el caso cerró en la más absoluta impunidad.
